Después de que Rachel Baxendale, una reportera que cubre política para The Australian, presionara en una conferencia de prensa a Daniel Andrews, el primer ministro victoriano, para que revelase quienes fueron los que contrataron a unos guardias de seguridad, que fraternizaron con unos viajeros que podrían tener el covid-19, en vez de ponerlos en cuarentena; comenzó a ser objeto de escrutinio en la red social Twitter.

Durante las horas siguientes, cada 10 segundos y por un día entero, los internautas comenzaron a mencionarla en la red social haciendo comentarios negativos, difamatorios, sexistas, y hasta con amenazas de muerte. Lo peor de esto, es que la situación se sostuvo durante los 5 días siguientes sin variar su intensidad.

Muchos periodistas usan la red social a pesar de los problemas que les trae, ya que su oficio lo amerita y también porque es una herramienta para interactuar o llegar a los consumidores. Sin embargo, durante un tiempo Baxendale tuvo que desinstalar la aplicación de Twitter de su celular para tener la capacidad mental suficiente para seguir trabajando debido al desgaste producto del acoso que recibió.

Este tipo de multitudes invisibles, en especial las de Twitter, han generado miedo en algunos medios, debido al alcance que las consecuencias negativas como las que sufrió la periodista Australiana, incluso cuando Twitter no es más popular en Australia que Facebook, Instagram o Snapchat.

Por otro lado, Jack Dorsey,  presidente de la red social lamentó que su propia plataforma haya desarrollado una comunicación muy superficial y que las métricas de las cuentas como el número de seguidores o los ‘likes’ pasaron a ser (erróneamente) una medida de popularidad. Esta realidad, señaló Dorsey, puede promover difusión de información estéril (sin sustento) que es potencialmente peligrosa. Por ejemplo, varios periodistas se han visto forzados a cuestionar temas básicos de estrategias de salud (relacionadas con el covid-19) mal planteadas por figuras políticas con mucha influencia.

En definitiva, la red social se ha convertido en un arma de doble filo para muchos, en la cual con solo un escrito corto (verdadero o no), se puede destruir la reputación y credibilidad de alguien, como fue el caso de Rachel.

Señaló el periódico Australiano Financial Review, que los ricos y poderosos suelen usar la ley de difamación para intimidar a los periodistas y así resguardarse un poco, en caso tal de que algún periodista haga un comentario en las redes que los haga objeto de cuestionamiento y críticas.

“Soy una persona de piel gruesa y no voy a dejar que un montón de horribles trolls que no me conocen saquen lo mejor de mí, pero estaría mintiendo y decepcionando a otros que han pasado por experiencias similares si dijera que el tipo de mensajes que he recibido en los últimos dos días no tienen ningún impacto”.

Rachel Baxendale

Imagen: visuals, vía Unsplash.