El libro titulado ‘The Psychology of Fake News’ (La Psicología de las Noticias Falsas), editado por Rainer Greifeneder, Mariela E. Jaffé,
Eryn J. Newman, y Norbert Schwarz, (253 páginas) explica los procesos que influyen en la mente humana para que un individuo asuma como verdad una premisa errónea. En este sentido, la publicación publicada el 20 de agosto, examina en su primer capítulo el fenómeno de las noticias falsas a través de las opiniones de expertos de diferentes campos dentro de la psicología y áreas relacionadas a ella.

Antes de entrar en materia, es importante diferenciar las noticias falsas de los descuidos de un medio. Esto se debe a que la información falsa se creó para perjudicar a una persona, grupo social, organización o país, mientras que la desinformación, aunque se utiliza para referirse a la información falsa en general, el que la creó nunca tuvo la intención de perjudicar a nadie. Por supuesto, aunque ambas modalidades generan casi el mismo efecto, también las verdades sin un contexto definido como la filtración de algo confidencial (que es objetivamente verdadero) puede hacer el mismo daño que las anteriores al momento de ser aceptadas y compartidas por otros.

Cuando uno o más individuos aceptan una mentira o media verdad como algo verídico, influye en sus creencias personales y la forma de ver el mundo, aparte de que es muy difícil de revertir, incluso cuando no se está de acuerdo con ella. Sin embargo, la desinformación ya forma parte de la vida cotidiana de las personas. Por dar un ejemplo, Allcott y Gentzkow (2017) estimaron que el adulto estadounidense promedio ha visto alrededor de tres noticias falsas en los tres meses anteriores a las elecciones presidenciales de 2016, antes de que los verificadores de hechos del Washington Post informaran de que el Presidente Trump había hecho 10.796 afirmaciones falsas o engañosas en los primeros 869 días de su presidencia.

Las noticias falsas, aunque suelen asociarse más con lo político, la información fabricada se diluye en muchas otras áreas. Por ejemplo, dentro de los productos de consumo, la salud, finanzas e incluso revistas científicas de renombre, las cuales han publicado noticias falsas en forma de informes que, según los autores del libro, son deliberadamente engañosos, basados en datos manipulados o inventados libremente (Bar-Ilan y Halevi, 2020). Es importante saber que la desinformación no se limita a esta época, existen registros históricos de la antigüedad, cuándo Ramsés II pretendió en 1274 a.C. que su intento de capturar la ciudad de Kadesch tuvo éxito, la noticia de su falsa victoria pasó de boca en boca y a través de las pinturas murales. También, como muchos otros casos, el Gran Engaño de la Luna de 1835 (Thornton, 2000), cuando el periódico neoyorquino ‘The Sun’ publicó una serie de artículos sobre el descubrimiento de vida humanoide en la Luna.

Si bien las noticias falsas se presentan de diferentes formas, un problema común que generan es que las personas actúan en consecuencia, teniendo repercusiones graves. Tal es el caso de lo que se habló en una oportunidad acerca de Pizzagate, una pizzería de Washington D.C., y su presunta conexión entre los funcionarios demócratas de Estados Unidos y la trata de personas. Esto motivó a un joven a determinar la causa por su cuenta disparando con un rifle dentro del restaurante, demostrando que cuando los individuos o grupos actúan en base a la desinformación, las consecuencias pueden a menudo no ser solamente perjudicial para ‘el individuo’, sino las sociedades en general. Es decir, puede erosionar la credibilidad de gobiernos, sociedades, e incluso las mismas organizaciones que asumen el rol de verificadores de los hechos dentro de las sociedades modernas.

Hoy en día las redes sociales han redefinido la forma en la que se distribuye y consume la información, y han hecho más difícil la tarea de combatir las noticias falsas, ya que los humanos son más crédulos cuando se trata de cosas que ellos quieren que sean verdaderas, por lo que su mente puede ser un filtro de información o una distorsión de la verdad. Este ultimo se logra de forma más simple, si la noticia suena coherente, está sustentada por una fuente creíble o si posee imágenes (incluso cuando realmente no demuestran nada). Esto se debe a que las personas no reaccionan objetivamente a su entorno, sino que crean una versión más subjetiva de los hechos, muy contaminada por la forma en la que ellos se ven a sí mismos y por lo que aspiran. En definitiva, pareciera que somos más propensos a creer lo que nos conviene.

“Los autores discuten que la noción de engañar intencionadamente a los medios de comunicación puede ser particularmente atractiva para los individuos con una gran necesidad de estructura, ya que un mundo en el que los medios de comunicación son engañosos por intención es más estructurado que un mundo en el que los medios de comunicación son simplemente descuidados”.

Rainer Greifeneder, Mariela E. Jaffé y Eryn J. Newman, Norbert Schwarz; Autores del libro.

  • Imagen: Taylorfrancis.