La forma en la que se orientan los anuncios publicitarios de carácter político permiten usarlos como un arma, sobre todo durante las campañas políticas en los Estados Unidos. Actualmente, los mayores vendedores de publicidad son las redes sociales y empresas tecnológicas como Facebook, Twitter o Google. Estos, aparte de ofrecer millones de impresiones (o vistas) de anuncios por poco dinero, recolectan una gran cantidad de datos de sus usuarios. De ahí, ofrecen herramientas para poder conducir la publicidad a un grupo específico de personas, conocer el perfil de la audiencia, así como otras útiles para vender, en este caso, a los candidatos presidenciales.

El panorama global, explicó Axios, es que estas empresas, en diferente magnitud, están limitando el alcance de la publicidad política con el fin de no sea enfocada a grupos muy específicos de personas. Esto se debe a que dichas estrategias les dan la oportunidad a los candidatos de ‘explotar’ eficientemente las ansiedades y resentimientos de cada segmento, así como de difuminar información falsa, porque ‘crearían’ una realidad definida para cada ideología. Obviamente, para cumplir sus objetivos políticos y electorales.

En cuanto a lo antes dicho, hay que tener en cuenta que, los datos que dichas empresas recolectan, para ofrecer herramientas de publicidad, podrían parecer a simple vista ‘inofensivos’. Por ejemplo, la información sobre su ubicación, ocupación, salario, entre otras más. Pero, a medida de que el perfil se hace más específico, se va creando un dato ‘sensible’ de la persona. Dicho de otro modo, Facebook puede direccionar la publicidad a hombres del sur que no tengan un título universitario y ganen menos de 75.000 dólares anuales, o a madres de los suburbios, casadas, resididas en tres códigos postales fuera de Indianápolis, que tengan una camioneta y jueguen al tenis. Ambos perfiles, completamente diferentes, poseen un común denominador en cuanto a sus características. O sea, cada uno de ellos, al igual que sus pares, comparten casi los mismos miedos, prejuicios e ideologías, por lo que se puede enviar publicidad con información falsa, adaptada a ellos, que de cierto modo los manipula.

Para resolver este asunto, Facebook y Google han limitado esta segmentación tan focalizada para evadir la creación de ese dato sensible que se quiere explotar. Por otro lado Twitter, se ha desentendido de este asunto prohibiéndola por completo. Sin embargo, el resultado final no ha sido claro y ha hecho que la mentira sea mucho más difícil de contrarrestar con la verdad.

“El hecho de que los anuncios con micro-orientación pueden ser una buena forma de vender desodorante no los convierte en una forma segura de vender candidatos… Es fácil señalar a los grupos susceptibles y dirigirles la desinformación política con poca responsabilidad, porque el público en general nunca ve el anuncio”.

Ellen Weintraub, la presidenta de la Comisión Federal Electoral.

Imagen: Mauro Gigli, vía Unsplash.